lunes, 14 de marzo de 2016

Kelly estaba totalmente contrariada. Cada vez que pensaba que sabía todo acerca de Ricardo, él la sorprendía con algo nuevo y aquello había empezado a frustrarla.
A Ricardo, por su parte, le pasaba algo similar. La primera impresión que se había llevado de Kelly de ser una rubia boba y superficial, había quedado muy atrás. Si bien era rubia, de boba no tenía ni un cabello, lo que es más, casi creía que podría ser la mujer más inteligente que le había tocado conocer. Pero a pesar de eso no terminaba de entenderla y ni siquiera sabía porque le obsesionaba tanto. Todo acerca de ella le causaba curiosidad y era un sentimiento que nunca antes había tenido y que le resultaba bastante molesto.
- Vamos Kelly, ya puedes quitarte la máscara. Conmigo no necesitas fingir. Eres una gran actriz, debo reconocerlo. Incluso me atrevo a decir que actuando eres aún mejor que tu hermana, pero conmigo no funciona.
- No sé de qué estás hablando Ricardo- respondió Kelly fingiendo ingenuidad.
- ¿Debo creer entonces que no sabes acerca del acuerdo que hay entre mi padre y el tuyo?- pregunto Ricardo mientras hacia aquel gesto que tanto molestaba a Kelly, ese cuando arqueaba la ceja y arrugaba el ceño.
- Tu padre y el mío tienen varios negocios juntos, ¿Qué tiene eso de especial? – Kelly insistía en fingir inocencia, pero Ricardo casi podía leer la verdad en los ojos de ella pero no hablaría si ella no lo mencionaba primero.
- Bien, pensé que a estas alturas ya sabrías. Pero supongo que te sobreestime. Eres tan ingenua como el resto de tus hermanas. Bueno, pues te dejo para que sigas en tu inocencia. – dicho eso se dio media vuelta y empezó a caminar hacia la puerta. Kelly se sintió furiosa por aquella actitud tan arrogante. Este sujeto de verdad la estaba tachando de tonta e ingenua, y no supo ni porque pero no pudo resistir el impulso de abrir la boca para responderle.
- ¿Te refieres al cruel acuerdo que nos involucra a nosotros dos? – dijo ella con voz decidida, y continuó – Pues sí, lo conozco, no soy una ingenua como tú supones. Aunque mi padre, por supuesto, no sabe que lo sé.
A Ricardo le sorprendía ese cambio radical que tenía Kelly cuando dejaba de fingir y mostraba su verdadera personalidad. Le cambiaba hasta la voz y los gestos. A él le agradaba mucho más la verdadera Kelly que la que ella se empeñaba en mostrar.
- Me imaginaba que así era – dijo Ricardo con una media sonrisa pícara – y bien, ¿Qué harás al respecto? – pregunto él
- No pienso hacer nada. No le daré ese gusto a mi padre. Esperare con paciencia a que se harte de verme soltera y decida liberarme.
- No crees que eso puede tomar demasiado tiempo? Quizás te lleve unos diez años más como mínimo, sin mencionar que, aunque quiera, él ya no está en posición de liberarte. Si aún viviera tu madre tal vez se podría hacer algo, pero bueno, desafortunadamente no es así.
Kelly se horrorizo ante lo que le estaba diciendo Ricardo, porque estaba totalmente en lo cierto. Ella estaba condenada, destinada a vivir solterona el resto de sus días o a casarse con el hombre que le habían impuesto sus padres. De pronto, esta opción no sonó tan descabellada. Es cierto que siempre se habían llevado terriblemente mal, pero también era evidente que ambos habían cambiado radicalmente y además él era sumamente guapo y cuando no estaba portándose odioso, podía ser amable y gentil, hasta algo bromista. No, aquello era mala idea, siquiera debería darle vueltas en su cabeza a tal idea. De pronto lo único que se le ocurrió contestarle fue algo que pensó que lo molestaría.